Confieso que soy la persona más débil, sentimental, dramática y chillona del planeta.
Un día amanezco de lo más contenta y otras, sin razón alguna (bueno, algunas veces, con hartas razones) quiero llorar todo el día.
Hoy, por segunda vez en la semana tengo ganas de llorar… tengo una ligera idea del porque, aunque cuando la recuerdo y recapitulo todo, sale otro sentimiento, ese al que le llaman coraje.
Es viernes, una buena razón para estar de buenas, pero no, no funciona del todo; la música no ha hecho nada este día, no mejora mi estado de ánimo… necesito algo ¡ya! Talvez un balium.
Juro hacer lo que pueda para que este día mejore, pero por ahora me retiro, voy a llorar un rato.