lunes, 10 de enero de 2011

"Sensible al discreto encanto de las pequeñas cosas"

Como al sol que entra por la ventana, a la oportunidad de abrazar a mi perro, a la satisfacción de leerme, a las ganas de querer.
Sensible al tierno beso en la mejilla, al cálido calor de sus brazos, al olor de sus manos.
A cosas tan pequeñas como el recostarme y dormir, ver una película de amor, caminar descalza o comer un hielo.
Al primer sorbo de mi café, al tirar la basura en su lugar, al saludo de mi papá y mi mamá. A escuchar Sway, al soñar.
Sensible a lo que está ahí, para mi.
A mi cabello por las mañanas, al perfume de todos los días, a la vista desde mi recámara. A la voz de Roobie Williams y las fotos de mi ipod.
Sensible al pequeño encanto de las pequeñas cosas, sensible a mi.

domingo, 2 de enero de 2011

Los amorosos

Los amorosos callan.
El amor es el silencio más fino,
el más tembloroso, el más insoportable.
Los amorosos buscan,
los amorosos son los que abandonan,
son los que cambian, los que olvidan.

Su corazón les dice que nunca han de encontrar,
no encuentran, buscan.
Los amorosos andan como locos
porque están solos, solos, solos,
entregándose, dándose a cada rato,
llorando porque no salvan al amor.

Les preocupa el amor. Los amorosos
viven al día, no pueden hacer más, no saben.
Siempre se están yendo,
siempre, hacia alguna parte.
Esperan,
no esperan nada, pero esperan.

Saben que nunca han de encontrar.
El amor es la prórroga perpetua,
siempre el paso siguiente, el otro, el otro.
Los amorosos son los insaciables,
los que siempre -¡que bueno!- han de estar solos.
Los amorosos son la hidra del cuento.

Tienen serpientes en lugar de brazos.
Las venas del cuello se les hinchan
también como serpientes para asfixiarlos.
Los amorosos no pueden dormir
porque si se duermen se los comen los gusanos.
En la oscuridad abren los ojos
y les cae en ellos el espanto.
Encuentran alacranes bajo la sábana
y su cama flota como sobre un lago.

Los amorosos son locos, sólo locos,
sin Dios y sin diablo.
Los amorosos salen de sus cuevas
temblorosos, hambrientos,
a cazar fantasmas.
Se ríen de las gentes que lo saben todo,
de las que aman a perpetuidad, verídicamente,
de las que creen en el amor
como una lámpara de inagotable aceite.

Los amorosos juegan a coger el agua,
a tatuar el humo, a no irse.
Juegan el largo, el triste juego del amor.
Nadie ha de resignarse.
Dicen que nadie ha de resignarse.
Los amorosos se avergüenzan de toda conformación.
Vacíos, pero vacíos de una a otra costilla,
la muerte les fermenta detrás de los ojos,
y ellos caminan, lloran hasta la madrugada
en que trenes y gallos se despiden dolorosamente.

Les llega a veces un olor a tierra recién nacida,
a mujeres que duermen con la mano en el sexo,
complacidas,
a arroyos de agua tierna y a cocinas.
Los amorosos se ponen a cantar entre labios
una canción no aprendida,
y se van llorando, llorando,
la hermosa vida.

Erotimaniáca

La erotomanía es una psicopatología por la cual el afectado está convencido de que otro individuo está enamorado de él.


Cuánta razón

Qué me extrañas? Lo noto en tu insistencia y ganas de verme.
¿Qué me amas? Lo siento en tu forma de hablarme y tus repetidos mensajes diciéndolo.
¿Qué te gusta estar conmigo? Me doy cuenta, cuando al otro día de haberte pedido verme, lo haces tú.
¿Qué me respetas? Lo hacen evidente las palabras que utilizas al dirigirte a mí.
¿Qué eres lo mejor para mi? Sí, cada mensaje tuyo me convence de ellos.
¿Qué me diste todo de ti? Claro, por eso ahora pido tanto.

sábado, 1 de enero de 2011

Así soy

Noble de nacimiento, enojona por obligación, simple por decisión y fuerte por necesidad.


Podría decir...

Que no siento el frío en mis pies con tal de no levantarme de la cama y ponerme unas calcetas.
Que no me levanto porque estoy muy cómoda y tampoco es tanto el frío.
Que no me duermo porque no es tanto el sueño que tengo.
Que no es mucho mi sueño, porque en realidad no estoy tan cansada.

Que no te pienso, porque ni de ti me acuerdo.
Que no me acuerdo de ti, porque ya te olvidé.
Que te olvidé porque así lo quise.
Que así lo quise porque lo necesitaba.
Que lo necesitaba porque era lo mejor para mi.
Que era lo mejor para mi, porque así lo creías.
Y que así lo creías, porque tú ya lo habías hecho.

Sí, podría decirlo. Quizá otro día... hoy, me levanto y me pongo mis calcetines, tengo frío.