Y es que no sabes cómo, pero se siente... en el estómago, en el pecho, en la voluntad.
No sabes de dónde sale, pero ahí está, cuando se le necesita.
No se ve, no se va, pero a veces tampoco se queda... o eso crees.
Está a la expectativa, a la espera, a la necesidad, a la conveniencia, quizá.
Dudamos de su existencia, de su poder. De sí mismos.
Tras las lágrimas, el coraje, la felicidad, se esconde; aguarda paciente el momento de aparecer, de que le llames, le grites.
Ahí esta, Fortitûdô en Latín... Y en español, FUERZA.
¡FUERZA!
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